Siento haber tenido el blog tan abandonado estos días, pero la verdad es que últimamente no hemos parado. Entre que los dos primeros fines de semana que pasamos en la residencia nos fuimos a las Montañas Rocosas (sí, hemos estado dos veces en las montañas, y aún no conocemos el Downtown, que es el centro de la ciudad aquí), y que este fin de semana hemos tenido cumpleaños y fiestas, no hemos tenido demasiado tiempo para dedicárselo a esto.
Las montañas son impresionantes. Los paisajes son muy distintos a los que te puedes encontrar en España, y todo está lleno de ríos y lagos. El agua aquí tiene un color especial, un azul turquesa muy intenso, que por lo que he podido leer por aquí, se debe al polvo de roca que le llega, que absorbe la luz de unos determinados colores y refleja otros, provocando ese color.
El primer fin de semana lo pasamos en el parque nacional Yoho, y lo organizamos por nuestra cuenta con algunos amigos de aquí. Fue todo un poco a lo loco, porque lo decidimos la tarde del viernes, y el sábado a las 7 de la mañana estábamos saliendo para allá. La verdad es que está un poco lejos, a unas tres horas en coche. Aquí todas las distancias son enormes. Ni siquiera habíamos reservado noche en ningún sitio para dormir, y algunos llevaban tiendas y pretendían acampar, lo que a mí me parecía una locura con el frío y la humedad que hacía. Al final encontramos una especie de hostal-albergue, que nos costó bastante barato, y que tenía un ambiente muy acogedor. En la planta de abajo había una cocina y un salón muy grandes, y allí todo el mundo estaba haciéndose su propia comida o viendo la televisión. Aparte de nosotros, los estudiantes de intercambio, también vinieron con nosotros tres chicos canadienses, a los que conocimos porque Kathrin, una de las austriacas, se metió en una página de internet en la que puedes buscar gente interesada en hacer los mismos viajes que tú y cosas así, para ir juntos. Cuando me lo contaron me quedé muy sorprendida, porque a mí jamás se me habría ocurrido irme a un sitio así con un chico al que hubiese conocido por internet a través de una página web, pero la verdad es que todos eran un encanto. El primer día el tiempo fue un poco raro, porque estaba chispeando, y de pronto salía el sol. Gracias a eso, pudimos ver dos arcoiris formarse en la superficie del lago, parecía una postal.
Al siguiente día, el tiempo empeoró, y no dejó de llover en todo el tiempo que estuvimos andando. Nos calamos todos, y a las 2 o 3 horas de empezar a andar decidimos volvernos porque teníamos mucho frío, y la lluvia empezaba a ser insoportable. Pero aún así, vimos paisajes muy bonitos también. Todas las montañas están llenas de cascadas, que te sorprenden a cada giro del camino.
Los senderos que hicimos ese fin de semana eran un poco más naturales, y hubo momentos en los que estaba muy empinado, y con el barro costaba subir porque resbalaba bastante. Incluso hubo un momento en el que Ángela arriesgó su vida (exagerando un poco, claro) para sacarme una foto en una cascada.
En ese sitio, que era un puente natural que se había formado de piedra por encima del río, como te resbalaras, te caías a la catarata. Así que más valía mirar bien por donde pisábamos, porque estaba todo muy resbaloso.
El siguiente fin de semana, fuimos con todos los estudiantes de intercambio al viaje organizado por la universidad. En este caso, fuimos al glaciar Icefields, a un par de lagos, incluyendo el lake Louise, que es el más famoso de aquí, y a hacer una ruta por las montañas, aunque en este caso era una zona más turística, y el camino estaba asfaltado en todo momento, o eran puentes de madera bordeando las piedras por encima del agua.
El glaciar impresionaba bastante (aunque creo que más impresionaban los vehículos que nos llevaron al glaciar), y había un círculo delimitado en medio por conos del que los turistas no tenían permitido salir, porque el glaciar es peligroso, tiene muchos metros de nieve de profundidad, y si no está bien compacta y pisas, puedes caerte hacia abajo. Aún así, nos atrevimos a salirnos un poco para echarnos algunas fotos.
Ese día nos hizo un tiempo muy bueno, con mucho sol. En el glaciar ni siquiera hacía frío. Por la tarde, fuimos a Banff, el pueblo en el que nos quedábamos a dormir, y a las 6 estábamos en un restaurante cenando. Cada vez nos vamos acostumbrando más a los horarios de aquí. Ángela y yo decidimos probar la hamburguesa de carne de alce, que estaba muy buena, pero era excesivamente grande. No sé la manía que tienen aquí con poner platos gigantes que nadie puede terminarse. Aunque ya lo sabemos para otra vez y nos pedimos uno para las dos.
Después de cenar, fuimos a las Hot Springs, unas piscinas de agua caliente al aire libre que hay cerca del pueblo. Pensábamos que apenas habría gente, pero nos equivocamos de lleno, porque allí no se cabía. Y como no llevábamos bañadores ni toallas, los tuvimos que alquilar. Y los bañadores era para verlos. Como de los antiguos, de esos que tenían pantalón corto, y de tela de camiseta, que no se secaban en la vida. Lástima que no tengamos fotos. La temperatura de la piscina era 40º, y el contraste con el exterior era muy grande. Había momentos en los que te tenías que sentar en el borde, porque el calor era insoportable. Pero aún así, se estaba muy a gusto.
Al día siguiente nos hizo de nuevo un tiempo horrible, y nos llovió todo el día. Además, había bastante niebla, lo que nos impidió ver bien el lake Louise. Aún así, era impresionante, aunque había un hotel construido como si fuera una especie de castillo, haciendo el sitio excesivamente turístico, y la verdad es que perdía parte del encanto. Pero cuando ibas a dar un paseo bordeando el lago, se respiraba muchísima tranquilidad, porque el lago es enorme, y la superficie estaba totalmente lisa, sin ningún tipo de movimiento.
Y este fin de semana por fin hemos podido quedarnos en casa, que la verdad es que ya nos apetecía. El jueves fuimos al Downtown por la noche un rato, aunque la mayoría de los niños quisieron quedarse en pubs, y a las niñas nos habría gustado ir a alguna discoteca a bailar. Pero aún así, nos lo pasamos bien, y a las 2 y media estábamos en casa. Aquí todo se hace más temprano. Cuando les contamos a la gente que en Sevilla se sale a las 12 de casa y se vuelve a las 6, alucinan.
El viernes fue el cumpleaños de Renee, una de nuestras "roommies" o como aquí se llama a los compañeros de piso (viene de roommates) y le hicimos una fiesta sorpresa. O al menos, esa era nuestra intención al principio. Porque le dijimos a Jose, el otro sevillano, que la entretuviera hasta las seis y media, y a las seis y cuarto apareció con ella por el pasillo. Y a esa hora estábamos todos, incluyendo el pastel, en el piso de Fran, que es el que está puerta con puerta con el nuestro, y nuestro salón lleno de globos. Así que no fue demasiada sorpresa, pero aún así le gustó mucho, y todos nos lo pasamos muy bien. A las 9 y media hicimos el intento de ir a una fiesta que había en un piso de unos canadienses en el edificio de enfrente y que vinieron aquí a invitarnos, supongo que porque escucharon jaleo desde fuera, pero nos volvimos en cuanto entramos porque el ambiente no nos gustaba demasiado. Y ya era un poco tarde para ir al Downtown, así que nos volvimos a los apartamentos.
El sábado fuimos al Downtown a que Carlos, un chico colombiano que vive aquí, nos hiciese una sesión de fotos a Ángela, a Fran (una chica chilena) y a mí. Nos hizo un día estupendo, con unos 25º, como si fuese primavera en Sevilla. Fuimos a un parque muy bonito, con muchos árboles de distintos colores de naranja, muy otoñal. Las fotos quedaron muy bien, porque Carlos sabe mucho de fotografía. Aunque aún no las hemos podido subir al facebook porque a él le gusta editar las fotos, y no quiere que las subamos antes de que él las haya revisado y editado.
Y en las clases, nos va bien, pero es bastante complicado llevarlo todo al día, porque esto parece el instituto. Constantemente tenemos trabajos que hacer, prácticas que entregar, cosas que leernos... Este fin de semana hemos tenido que hacer dos exámenes por internet para la asignatura de química, que es la que más tiempo quita, hoy hemos hecho un examencito corto en clase... La mujer se cree que vivimos para su asignatura. Menos mal que lo pone casi todo en las transparencias, porque con esa pronunciación que tiene, diciendo veek en lugar de week, alvays en lugar de always... (en honor a ella le he puesto nombre a esta entrada) cuesta pillar lo que dice a veces.
Y por lo demás, todo muy bien. Esta semana estamos teniendo muy buen tiempo, nada comparado con el frío que hacía cuando llegamos. La gente de aquí nos dijo que ese frío tan pronto no era normal. A ver si nos dura este sol un poco, porque dentro de nada estamos de nieve hasta las orejas.
Llevaba tiempo sin escribir, pero anda que os quejareis de entrada... Y a los biotecnólogos, a ver si hacéis vosotros también un blog para mantenernos informadas de los asuntos de la clase, ¿no?




Tinoninoninoni..... que guay pequeñas! en serio qué envidia!! aquí todo es tan diferente... auqnue bueno hoy no nos podemos quejar! si sales a la calle puedes ver un magnífico paisaje: carrteras llenas de piquetes por la huelga general! yo no he podido ir a clase porque sólo hay un autobú por línea y 3 metros a la hora asi que imaginarse la travesía de ir a la UPO asi que he decidio quedarme aquí!!!!
ResponderEliminarA ver si empiezo con el blog que aún estoy acostumbrandome al nuevo horario ! un besitoooo
Me recuerda a los bosques que describe Algernon Blackwood en El Wendigo (muy buen relato, por cierto)... Magníficas fotos de los paisajes. A veces entran ganas de cogerse una cabañita a lo Walden y quedarse por allí, ¿verdad?
ResponderEliminarUn saludo